Consciente o inconscientemente, cuando un comunicador expresa a través del lenguaje oral una afirmación, se asume que lo hace sobre una base de hechos fehacientes o con documentos que lo demuestren. Es un principio ineludible para que dicho comunicador pueda merecer la confianza de sus interlocutores, y que los expertos le consideremos un comunicador asertivo.
Ayer, un político español, Jaime Mayor Oreja, hoy radicado en un cargo parlamentario europeo, expresó con rotundidad una afirmación con la cual pretendió sentenciar una conducta de un tercero empleando la siguiente frase –
“... comunicados de la izquierda abertzale que en mi opinión confirman la existencia de una segunda parte de un esfuerzo de un proyecto de resolución de conflictos ...” – para acusar al Gobierno español de estar en una segunda negociación con el grupo terrorista vasco.
No entro en el análisis político de sus palabras (ver ... http://fernandofusterfabrasblogesp.wordpress.com/2010/03/24/un-esperpento-andante-llamado-mayor-oreja/ ) sino en la semántica de lo dicho, y la validez de dicha supuesta verdad en términos de la comunicación asertiva.
En primer lugar, la frase indica que la afirmación rotunda la basa el europarlamentario español sobre “comunicados de la izquierda abertzale” para confirmar “la existencia de una segunda parte de un esfuerzo” (negociación con ETA). Como el comunicador afirma con seguridad, hay que suponer que considera a la fuente (izquierda abertzale) como de fiar. ¿Se fía Mayor Oreja de la fuente abertzale vinculada a los terroristas? Si es así, me deja estupefacto.
En segundo lugar, se contradice en su rotunda afirmación al emplear en la frase, “...en mi opinión confirman ...” porque ahora no sólo respalda la fuente sino que lo ratifica como su propia opinión o forma de interpretar los supuestos hechos recogidos en los comunicados referidos. Y aquí, sí meramente fuera su opinión, entonces no basa su afirmación en hechos sino en su propia percepción. Aún siendo experto, ningún interlocutor tomaría la opinión es éste como hecho demostrable, sin una demostración de su veracidad.
Por lo tanto, el lenguaje verbal de Mayor Oreja adolece de un soporte fidedigno para que pueda afirmar con la rotundidad que lo hizo ante una audiencia. Además, una opinión es siempre discutible, con el mero hecho de que haya uno de los oyentes o interlocutores presentes en ese entorno que discrepe o solicite una argumentación de los hechos que hayan llevado a las conclusiones del comunicador.